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El dinero sucio lesiona la democracia y la representación política

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El político debe tener: amor apasionado por su causa, ética en su responsabilidad, y mesura en sus actuaciones. La postura es del sociólogo Max Weber, quien preconiza los valores que formar parte de un profesional de la política, o de quien ejerce como oficio esta esa noble ciencia.

El amor por lo que se hace, y la alta visión de los asuntos éticos conllevan a hacer de cualquier actividad humana una noble causa. Y es que, sin duda alguna, los problemas de la representación política y la calidad de la democracia tienen mucho que ver con las prácticas y culturas que adopten los políticos y las organizaciones como los partidos políticos, los grupos de presión, o los movimientos sociales.

El concepto de representar lo constituye la acción de actuar en interés de alguien, sin embargo, cuando se trata de representación política no se limita con satisfacer el interés de alguien, sino, a algo más que la simple representación jurídica, esto es, la búsqueda del bien común o el interés colectivo. Esto requiere un compromiso solido, no tan solo de presentarse como la voz de alguien, sino, además, incluir la pluralidad de intereses.

Los problemas de la representación política van mas allá del vínculo que existe entre calidad de la democracia, cultura política y cargos de elección popular. Hay algo más poderoso que influye en la toma de decisiones de quienes quieren ser representantes de un colectivo de ciudadanos, es lo que comúnmente llamamos, el poder del dinero, la influencia de grandes corporaciones o grupos económicos que en cada elección o proceso electoral se mueven en el escenario político.

Pero, lo más grave es que, cuando el origen del financiamiento para las campañas electorales tiene su origen en actividades ilícitas como el narcotráfico, la trata de personas, el lavado de activos, las bancas de apuestas y negocios turbios, la calidad de la democracia y la representación política corren el riesgo de sustentarse sobre asuntos muy lejos del bien común o el interés colectivo. Eso es lo que llamamos la influencia del dinero sucio sobre la actividad política que lesiona la representación y la calidad de la democracia.

¿Cómo se traduce eso? Simple, el dicho popular que reza “a lo que nada nos cuesta hagámosle fiestas” nos lleva a entender lo siguiente: quienes tienen la posibilidad de tener un cargo de elección popular con dinero sucio le importa nada el bien común o el interés colectivo, la política es para ellos un negocio, lejos de una profesión que busca lo que Max Weber exige: amor apasionado, ética y mesura.

Nuestro reto es legitimar cada vez con mayor intensidad la actividad política, luchar por un sistema electoral más justo, transparente, y menos excluyente, porque cuando la democracia entra en crisis es lesionada la representación política.

La democracia se vuelve opaca, y lo peor de todo, cuando es influida por el dinero sucio de las bancas de apuestas, el narcotráfico, el crimen organizado o el lavado de activos se corre el gran riesgo de que la representación política se diluya y se esfume como polvo que se lleva el viento.

Escrito por: Eddy Skinner

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