Establecida en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en el artículo 19, la libertad de expresión es considerada como un derecho fundamental de todo ser humano. Incluso, las propias constituciones de todas las naciones que viven en sistemas democráticos también la admiten como un derecho humano.

En las últimas décadas, ese derecho fundamental se ha fortalecido tras el nacimiento de las redes sociales, concebidas para garantizar que cada individuo tenga un espacio donde expresarse sin temor a ser censurado. Los blogs, twitter, facebook y otros medios, por ejemplo, se han convertido en las vías de comunicación por excelencia para que los ciudadanos interactúen, se documenten y ejerzan su libertad de expresión.

Sin embargo, los que de alguna forma u otra participamos de estos medios sociales caemos en el error de no distinguir entre libertad de expresión y libertinaje verbal. Con el uso inconsciente de esta poderosa plataforma comunicacional de manera inconsciente o consciente, hemos traspasado la delgada línea que aleja una cosa de la otra.

Definamos ambos conceptos para poder diferenciarlos el uno del otro. Cuando hablamos de libertinaje verbal nos referimos a una especie de libertad excesiva y abusiva de todo cuanto se dice o hace, y es en ese error que caemos cuando, al “expresar nuestras ideas” en estos medios sociales, señalamos, acusamos y destruimos injustamente a otros, pensando que lo hecho es un derecho adquirido, y no lo es. Lo que sí es un derecho humano es la facultad de decir libremente lo que sentimos, pero esto sin hostigar ni injuriar a nadie, y hacerlo con un alto grado de responsabilidad social (libertad de expresión).

Entonces, ¿Es bueno ser realmente libres y poder expresarnos con total libertad? ¡Claro que sí! Pero pese a que este es un derecho, hay quienes consideran que el mismo debe ser fiscalizado por una entidad o institución creada para tales fines, y pienso que esta ponderación es correcta.

Se preguntaran ustedes de manera natural ¿Promuevo que nos coarten nuestro derecho a expresarnos libremente? ¡Jamás! Sin embargo, creo que deben existir reglas que nos lleven a reflexionar sobre la manera en que decimos las cosas y las consecuencias que podrían traer consigo.

Hay que comprender que aunque vivamos en democracia, todo debe ser regulado y deben establecerse reglas claras para lograr que se dé la sana convivencia y armonía entre los actores sociales. Donde no hay regulación, no hay control, y mucho menos habrá respeto alguno por el derecho de los demás. No en vano la muy citada frase “donde terminan mis derechos, comienzan los derechos de los demás”, se ha vuelto tan famosa en sistemas democráticos.

Debemos preguntarnos, ¿Pensamos lo que estamos escribiendo en las redes sociales? ¿Estamos haciendo un uso correcto de ellas, analizamos qué estamos promoviendo en nuestros muros o “time line” con lo que promovemos? Entre la libertad de expresión y el libertinaje, reitero, existe una delgada línea ¿De qué lado se encuentra usted? ¿Pertenece al grupo que construye o al que de manera desenfadada y con poco grado de responsabilidad, no tiene reparo en destruir reputación e imagen de personas físicas y no físicas?

En este debate lo más importante no es determinar si la regulación de este derecho es un elemento que coarta nuestro libre derecho a expresarnos, sino que debemos analizar cómo estos marcos normativos pudieran ayudarnos a ejercer nuestros derechos respetando siempre la integridad de los otros.

El Debate está abierto ¿Qué opinas tú al respecto?

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